GRAN BOLA DE FUEGO

jerry lee lewis

Muy acorde con las últimas noticias de incendios en suelo patrio, la semana pasada actúo en Madrid The Killer; o, lo que es lo mismo, el abuelito entrañable Jerry Lee Lewis. El hombre para el que se acuñó la frase de “los viejos rockeros nunca mueren“, porque el tío subió al escenario renqueante, encorvado y pareciendo que estaba a punto de irse al otro barrio.

Pero fue sentarse ante el piano y sus manos se transformaron en las de un chaval de 20. Eso sí, nada de ponerse de pie y darle una patada a la banqueta mientras tocaba frenéticamente, acción que le hizo famoso en el mundo entero.

Esa y quemar un piano en plena actuación cuando le obligaron a ser el telonero de Chuck Berry. Un impresentable, dirán algunos. Un desequilibrado. Un tipo que ha vivido atormentado toda su vida porque su padre pensaba que el rock and roll era música del diablo… y el hombre era predicador, así que imaginaros las discusiones en casa. El tío que se casó con su prima de 13 años. Que se hundió en la miseria cuando la prensa se enteró de la boda. Que resurgió tiempo después… ¡tocando baladas country!

Pero nadie puede obviar que es uno de los grandes clásicos del rock. Esa forma salvaje, animal, casi diabólica de maltratar un instrumento que hasta entonces se consideraba exclusivo de Mozart, Czerny y esas mariconadas. Sólo hay que ver sus actuaciones de los 50: vestido y peinado formalmente… y de pronto se convertía en otra cosa en cuanto empezaba la música. Gesticulaba y aporreba las teclas como si quisiera vengarse de alguien.

Le sobrevivió a todos. A sus hijos, a sus mujeres -una de ellas, muerta por sobredosis – y a su mortal enemigo: Elvis Presley, al que estuvo a punto de destronar si no hubiera sido por todo el escándalo incestuoso. El pobre de Jerry Lee quiso ajustar cuentas con él y se presentó en Neverland pistola en mano dispuesto a acabar con El Rey. Pero el Elvis le ahorró el trabajo sucio. Se mató a sí mismo… artísticamente y físicamente.

Pero nada consoló al bueno de The Killer. Cuando Presley murió, lo convirtieron en un mito indestructible. Y a él sólo le dejaron un piano para desfogarse.

Pobre… del piano, digo.

Para más: ¡¡¡Visitad:www.elmarginado.com!!!

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